CUANDO DESEAS ALGO CON TODAS TUS FUERZAS Y NO LLEGA

Hay momentos en la vida en los que deseas algo con toda tu alma. Lo visualizas. Lo imaginas. Piensas en ello antes de dormir y al despertar. Hablas con el Universo. Haces afirmaciones. Intentas mantener una actitud positiva. Incluso llegas a decirte una y otra vez: «ya está llegando».
Pero pasan los días, las semanas, los meses...y aquello que deseas no llega. Entonces aparece una pregunta que puede ser devastadora: «¿por qué, si lo deseo tanto, no consigo manifestarlo?» Quizá incluso hayas llegado a pensar que la Ley de la Atracción no funciona contigo.
Pero ¿y si el problema no fuera que estás deseando poco? ¿Y si precisamente estuvieras deseando demasiado desde el lugar equivocado?
EL DESEO TIENE PODER, PERO TAMBIÉN LO TIENE TU EMOCIÓN
Desde la perspectiva metafísica, nuestros pensamientos no son simples frases que pasan por nuestra cabeza. Cada pensamiento acompañado de una emoción crea una determinada disposición interior.
No es lo mismo decir: «quiero dinero porque sé que puedo vivir en abundancia», que decir: «necesito dinero porque estoy desesperado y no sé cómo voy a salir de esta situación».
Las dos personas están pensando en dinero. Pero emocionalmente están viviendo realidades completamente diferentes.
La primera está conectada con la posibilidad. La segunda está conectada con la carencia. Y aquí encontramos uno de los principios fundamentales de la manifestación: no manifiestas solamente aquello que dices querer. También alimentas aquello en lo que emocionalmente permaneces.
Por eso, cuando afirmas «quiero abundancia» mientras interiormente repites «no tengo suficiente», existe una contradicción entre tu deseo consciente y tu estado emocional.
EL UNIVERSO NO ESCUCHA SOLAMENTE TUS PALABRAS
Una de las grandes enseñanzas de la metafísica es que la intención debe ir acompañada de coherencia. Puedes repetir cien veces una afirmación, pero si cada vez que la pronuncias estás pensando «esto nunca me va a ocurrir», tu práctica se convierte en una lucha interna.
Por eso no se trata de repetir afirmaciones como un loro. Se trata de empezar a convertirte emocionalmente en la persona que puede recibir aquello que desea.
Si quieres amor, trabaja primero la capacidad de amar y recibir amor. Si quieres abundancia, comienza a abandonar la mentalidad permanente de escasez. Si quieres una nueva vida, empieza a comportarte como alguien que está preparado para abandonar la antigua.
La manifestación no debería convertirse en una obsesión. Porque existe una paradoja muy poderosa: a veces, cuanto más desesperadamente intentamos atraer algo, más difícil nos resulta soltar la tensión que nos impide avanzar.
EL GRAN ENEMIGO: EL APEGO
Desear no es malo. Soñar no es malo. Pedir al Universo aquello que deseas tampoco tiene nada de malo. El problema aparece cuando conviertes tu deseo en una condición para poder ser feliz. «Seré feliz cuando llegue esa persona». «Seré feliz cuando tenga dinero». «Seré feliz cuando consiga ese trabajo». «Seré feliz cuando suceda aquello que estoy esperando».
Y entonces entregas tu felicidad al futuro. El desapego espiritual propone algo diferente: desea profundamente, pero no entregues tu paz al resultado.
Puedes decir: «esto es lo que deseo. Lo visualizo. Lo siento. Hago mi parte. Y confío en que la vida encontrará el camino y el momento adecuados».
Esto no significa quedarse sentado esperando un milagro. Significa unir intención + emoción + acción + confianza.
EJERCICIO 1: LA VISUALIZACIÓN DE LA MANIFESTACIÓN
Busca un lugar tranquilo. Cierra los ojos y respira lentamente durante unos minutos. Ahora imagina que aquello que deseas ya forma parte de tu vida.
Pero hay una condición importante: no imagines solamente el objeto de tu deseo. Imagina cómo te sentirías al haberlo conseguido.
Si quieres una casa, imagina cómo te sentirías al abrir la puerta. Si quieres una relación, imagina la tranquilidad de sentirte amado.
Si quieres un proyecto profesional, imagina la satisfacción de haberlo construido. Permanece durante cinco minutos en esa sensación. No pidas desesperadamente. No digas «por favor, que ocurra». Simplemente experimenta mentalmente la sensación de haber recibido.
Después termina diciendo: «estoy preparado para recibir aquello que sea para mi mayor bien. Confío, actúo y suelto.» Practícalo durante 21 días.
EJERCICIO 2: DESCUBRE QUÉ HAY DETRÁS DE TU DESEO
Coge una hoja y escribe:
«Quiero __________ porque __________.»
Completa la frase. Después vuelve a preguntar: «¿y para qué quiero eso?» Y vuelve a responder. Continúa preguntándote «¿para qué?» varias veces. Quizá descubras algo sorprendente. Tal vez creías que querías dinero, pero en realidad buscabas seguridad.
Quizá pensabas que querías una pareja, pero buscabas sentirte valorado. Quizá creías que querías cambiar de trabajo, pero lo que realmente necesitabas era recuperar tu libertad. Cuando descubres la verdadera necesidad que existe detrás del deseo, tu manifestación cambia.
Porque ya no estás persiguiendo solamente una cosa. Estás buscando una experiencia interior.
EJERCICIO 3: EL RITUAL DE LAS TRES LLAMAS
Este ejercicio tiene un carácter simbólico. Por la noche, coloca tres velas en un lugar seguro. La primera representa lo que deseas. La segunda representa lo que debes transformar en ti. La tercera representa la confianza.
Enciende la primera y pronuncia mentalmente tu deseo. Después enciende la segunda y pregúntate: «¿qué necesito cambiar, aprender o soltar para acercarme a aquello que deseo?» Finalmente enciende la tercera y di: «hago mi parte y confío en el proceso de la vida.»
Quédate unos minutos contemplando las llamas. Después apaga las velas con seguridad. Lo importante no es la vela. Lo importante es la intención que estás colocando detrás del símbolo.
Los rituales tienen valor porque pueden ayudarnos a concentrar nuestra atención, expresar una intención y marcar simbólicamente el comienzo de un cambio.
DEJA DE PREGUNTAR «¿CUÁNDO?»
Esta puede ser una de las prácticas más difíciles. Cuando deseamos algo intensamente, nuestra mente pregunta constantemente: «¿cuándo llegará?» «¿Por qué todavía no ha ocurrido?» «¿Cuánto falta?» «¿Por qué a otros sí y a mí no?»
Cada una de esas preguntas alimenta nuevamente la sensación de que todavía no lo tienes. Prueba durante unos días a sustituirlas por otra pregunta:n«¿qué puedo hacer hoy para acercarme a aquello que deseo?»
Esa pregunta devuelve el poder a tus manos. Porque la manifestación espiritual no debería convertirse en una excusa para no actuar. Si deseas prosperidad, busca oportunidades. Si deseas amor, abre espacios para conocer personas. Si deseas cambiar de vida, comienza a cambiar pequeñas cosas. Si deseas escribir un libro, escribe la primera página.
El Universo puede inspirarte. Pero hay puertas que tienes que abrir tú.
Y SI TODAVÍA NO LLEGA...
Aquí llegamos a una de las partes más difíciles. ¿Qué ocurre cuando has visualizado, has trabajado tus pensamientos, has hecho tus ejercicios y, aun así, aquello que deseas sigue sin aparecer?
No tengo una respuesta mágica que pueda garantizarte cuándo llegará algo.
Y quien te prometa que puede garantizarte la fecha exacta de cualquier manifestación probablemente esté vendiéndote una certeza que nadie puede asegurar.
Pero sí puedo decirte algo desde mi experiencia: que algo no haya llegado todavía no significa necesariamente que hayas fracasado. A veces el proceso de manifestación empieza mucho antes de que podamos ver sus resultados.
Primero cambia nuestra manera de pensar. Después nuestras decisiones. Después nuestras acciones. Y finalmente puede cambiar nuestra realidad.
Quizá aquello que estás esperando llegue exactamente como lo imaginaste. Quizá llegue de una forma diferente. Y quizá, durante el camino, descubras que aquello que creías necesitar ya no es exactamente lo que deseas. Eso también es transformación.
TU PODER NO ESTÁ SOLAMENTE EN CONSEGUIR
Existe una idea de la manifestación que me parece mucho más poderosa que cualquier técnica: tu verdadero poder no consiste únicamente en conseguir aquello que deseas. Consiste en convertirte en una persona capaz de crear una vida diferente.
Por eso, cuando tengas un deseo intenso, no te limites a decir: «quiero que ocurra». Pregúntate: «¿quién tengo que ser para estar preparado cuando ocurra?» Esa pregunta puede cambiarlo todo.
Trabaja tu mente. Cuida tus emociones. Visualiza. Afirma. Medita. Haz tus rituales. Pero, sobre todo, actúa. Y después aprende a soltar.
Porque quizá manifestar no consista en perseguir desesperadamente aquello que deseas.bQuizá consista en poner tu intención en el Universo, poner tus pies en el camino y confiar mientras avanzas.
Y recuerda algo: no confundas la espera con la ausencia de movimiento.
A veces, mientras tú estás preguntando por qué todavía no ha llegado, la vida ya está preparando el siguiente capítulo. Solo necesitas estar preparado para reconocerlo cuando aparezca.
ALBERTO LAJAS