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Cómo conectar con «La Fuente» y el Espíritu Santo

octubre 8, 2026, 10:06, No hay comentarios


Hay momentos en la vida en los que sentimos que ya no podemos seguir adelante. El miedo nos supera, la angustia nos aprieta el pecho, una enfermedad nos roba las fuerzas, una relación se rompe, perdemos a alguien que amamos o nuestros problemas económicos parecen no tener salida.

A veces llegamos a ese punto en el que pensamos: "no sé cuánto tiempo más voy a poder soportar esto. "

Precisamente en esos momentos quiero hablarte de algo que, para mí, tiene un significado extraordinario: La Fuente y el Espíritu Santo.

Antes de continuar, quiero aclarar algo importante: no necesitas ser creyente. No necesitas pertenecer a ninguna religión. No necesitas ir a una iglesia, conocer las Escrituras ni tener una fe extraordinaria.

Incluso si eres ateo y no crees en Dios, puedes leer estas palabras sin sentir que tienes que aceptar nada de lo que digo.

Cuando hablo de La Fuente, utilizo esta expresión para referirme a Dios, a la Inteligencia Superior, al origen de la vida o al poder creador que está detrás de todo lo que existe. Puedes llamarlo como tú quieras.

Y cuando hablo del Espíritu Santo, me refiero a esa fuerza, esa energía sanadora y creadora de milagros que, desde mi manera de comprenderlo, utiliza La Fuente para llegar hasta nosotros.

No pretendo demostrarte que esto es verdad. Quiero compartir contigo una experiencia y una forma de relacionarte con esa dimensión espiritual que, para muchas personas, puede convertirse en un refugio extraordinario.

La Fuente no está lejos de ti. No necesitas un lugar especial. Quizá uno de los mayores errores que cometemos es pensar que, para hablar con Dios, tenemos que estar en un lugar especial.

Tal vez creemos que necesitamos una iglesia, una vela, un ritual, una oración aprendida de memoria, un sacerdote o un estado de paz absoluta. Yo no lo creo.

Si existe una Fuente creadora de la que procede nuestra vida, entonces esa Fuente no puede estar solamente en determinados lugares. Está aquí. Y también está dentro de ti.

Puedes hablar con La Fuente en cualquier momento. Puedes hablar con La Fuente mientras estás sentado en tu cama, mientras conduces, mientras lloras o mientras estás ingresado en un hospital.

Puedes hacerlo mientras esperas una llamada que puede cambiar tu vida, mientras atraviesas una enfermedad o mientras tienes miedo.

Incluso puedes hablar con ella cuando estás enfadado con Dios. Porque hay algo maravilloso en todo esto: no necesitas estar bien para acercarte a La Fuente. Puedes acudir a ella precisamente porque estás mal.

No necesitas tener una fe perfecta. Las dudas también forman parte del camino Puedes tener dudas. Puedes estar enfadado.

Puedes haber pasado años sin pensar en Dios. Puedes haberle dado la espalda. Incluso puedes haberle preguntado: «Si realmente existes, ¿dónde estabas cuando más te necesitaba?» Y aun así puedes volver.

No necesitas llegar hasta La Fuente siendo perfecto. Puedes llegar roto, cansado, lleno de miedo o llorando.

Puedes llegar diciendo: «Dios, no sé si creo en ti, pero necesito hablar contigo.» Eso también puede ser una oración. Una pequeña puerta abierta

Quizá la fe no consiste siempre en estar completamente convencido. A veces, la fe consiste simplemente en abrir una pequeña puerta y decir: «Si estás ahí, entra.»

No tienes que fingir una certeza que no sientes. Puedes comenzar desde el lugar exacto en el que te encuentras.

¿Qué ocurre cuando estás a punto de tirar la toalla? Detente antes de rendirte Muchas personas creen que solamente pueden pedir ayuda espiritual cuando han hecho todo lo demás.

Yo te propongo exactamente lo contrario. Cuando estés llegando al límite, cuando sientas que no puedes más, cuando el miedo sea más grande que tus fuerzas o cuando no encuentres ninguna solución, detente.

No necesitas encontrar las palabras perfectas. No necesitas construir una oración bonita. Simplemente habla. Haz una oración desde el corazón. Puedes decir: " La Fuente, no sé si estás ahí. No sé siquiera si estoy hablando con alguien. Pero, si existes, necesito tu ayuda. Ya no puedo hacerlo solo. Derrama sobre mí tu Espíritu Santo. Dame fuerza. Dame paz. Muéstrame el camino. Ayúdame a atravesar esto. Y, si hay algo que yo deba comprender, ayúdame a verlo. "

Después, quédate en silencio. No exijas una respuesta inmediata. No esperes necesariamente una voz. No busques señales desesperadamente.  Simplemente permanece unos minutos en silencio, respira y permite que algo dentro de ti se calme.

Pedir que se derrame el Espíritu Santo

Para mí, pedir El Espíritu Santo, es una de las peticiones espirituales más poderosas que podemos hacer. No se trata solamente de pedir: «Dame esto.» «Haz que ocurra aquello.» «Soluciona mi problema.» Se trata de pedir algo mucho más profundo: «Derrama sobre mí tu Espíritu Santo.»

Quizá no sabemos cuál es exactamente la solución que necesitamos. Pero La Fuente sí. La respuesta puede llegar de distintas maneras

Quizá pedimos que desaparezca un problema y la respuesta llega en forma de fortaleza para atravesarlo.

Quizá pedimos que cambie una situación y lo primero que cambia es nuestra manera de contemplarla.

Quizá pedimos que alguien nos salve y descubrimos dentro de nosotros una fuerza que desconocíamos.

Y quizá, en ocasiones extraordinarias, ocurre algo que no sabemos explicar:

- Un encuentro.

- Una coincidencia.

- Una recuperación inesperada.

- Una puerta que se abre.

- Una persona que aparece exactamente cuando la necesitamos.

- Una solución que parecía imposible.

- Un cambio interior profundo.

Cada persona interpretará estas experiencias desde su propia manera de entender el mundo. Para mí, ahí puede manifestarse el Espíritu Santo.

Ahora deseo mostrarte una manera sencilla de conectar con La Fuente. Prepara un espacio tranquilo Si quieres experimentar esta conexión, prueba algo muy sencillo:

1. Busca un lugar tranquilo.

2. Apaga el teléfono.

3. Siéntate cómodamente.

4. Cierra los ojos.

5. Respira lentamente.

6. No intentes dejar la mente en blanco.

7. No luches contra tus pensamientos.

8. Permanece unos minutos contigo mismo.

Después, desde el corazón, di:

" Fuente de toda vida, aquí estoy. No vengo a exigirte nada. Vengo a abrirme a ti. Si tu Espíritu Santo puede llegar hasta mí, derramalo sobre mi cuerpo, mi mente y mi corazón.

Dame aquello que necesito, aunque no sea aquello que estoy pidiendo. Dame paz cuando tenga miedo. Dame fuerza cuando esté débil. Dame luz cuando no encuentre el camino. Y ayúdame a recordar que no estoy solo.."

Después, guarda silencio. No hagas nada más. Simplemente permanece ahí.

¿Y si no sientes absolutamente nada No conviertas la espiritualidad en un examen. También está bien. Esto es importante. No conviertas tu espiritualidad en otro examen que tengas que aprobar.

Quizá un día sentirás una enorme paz. Quizá otro día no sentirás absolutamente nada. Quizá llorarás. Quizá te enfadarás. Quizá sentirás una enorme gratitud.

Quizá solamente estarás diez minutos sentado pensando en tus problemas. No importa.

La conexión espiritual no tiene por qué producir siempre una experiencia extraordinaria.

A veces, la transformación ocurre de una manera tan silenciosa que solamente somos capaces de reconocerla mucho tiempo después.

Si algún día estás completamente desesperado o sientes que has llegado al límite de tus fuerzas, no te avergüences de pedir ayuda. Pídeselo a una persona:

- A un familiar.

- A un amigo.

- A un médico.

- A un psicólogo.

- A alguien de confianza que pueda acompañarte.

Y también, si forma parte de tus creencias, pídesela a La Fuente. No hay ninguna contradicción entre ambas cosas. Puedes decir:

" Fuente, ayúdame a encontrar a las personas y los medios que necesito para salir de esto.."

Quizá un milagro no siempre consiste en que el problema desaparezca de repente. Quizá el milagro consiste en que, cuando pensabas que estabas completamente solo, aparece alguien que te tiende la mano.

  Manejo de las expectativas

La espiritualidad no es una promesa de resultados inmediatos. Es importante acercarse a esta práctica sin convertirla en una promesa de resultados inmediatos.

No siempre llegará una respuesta clara. No siempre desaparecerá el problema. No siempre sentirás paz, señales o una presencia especial.

La espiritualidad no sustituye la atención médica, psicológica, económica o social que puedas necesitar.

Pedir ayuda profesional y buscar apoyo en otras personas también puede formar parte del camino.

Mantén el corazón abierto y los pies en la tierra

Puedes orar, meditar o hablar con La Fuente y, al mismo tiempo, tomar decisiones concretas, seguir un tratamiento, pedir consejo y aceptar que algunas situaciones requieren tiempo.

Quizá la respuesta no llegue como esperabas.

Quizá consista en encontrar fuerzas para dar el siguiente paso, reconocer que necesitas ayuda o permitir que alguien se acerque. Mantén el corazón abierto, pero también los pies en la tierra.

Quizá nunca nos alejamos realmente de La Fuente

Quiero contarte una experiencia personal. Durante muchos años he sentido que La Fuente era mi sustento, mi roca y mi fuerza. También he vivido momentos en los que sentí que me había alejado de ella.

Pero quizá existe algo que podemos descubrir cuando atravesamos una gran crisis: nosotros podemos alejarnos de La Fuente, pero eso no significa necesariamente que La Fuente se haya alejado de nosotros.

Quizá seguimos siendo sostenidos incluso cuando no somos conscientes de ello. Quizá seguimos siendo amados incluso cuando hemos dejado de creer.

Quizá seguimos siendo escuchados incluso cuando solamente somos capaces de llorar. La Fuente ya estaba allí Y quizá, cuando finalmente levantamos la mirada y decimos: "aquí estoy otra vez», descubrimos algo extraordinario:.La Fuente ya estaba allí. Esperándonos. Sin reproches. Sin exigencias. Sin preguntarnos dónde habíamos estado. Simplemente allí.

    Una última petición

La próxima vez que tengas miedo, antes de pensar que tienes que enfrentarte solo a aquello que tienes delante, prueba algo. Detente. Respira. Cierra los ojos. Y di:

" La Fuente, aquí estoy. Derrama sobre mí tu Espíritu Santo. Hazme sentir tu presencia. Dame fuerza para afrontar lo que tengo delante. Y ayúdame a confiar."

Después, guarda silencio. Quizá no ocurra nada espectacular. O quizá sí.

Pero hay algo que puede cambiar en ese instante: dejarás de sentir que estás enfrentándote completamente solo a aquello que te asusta. Y tal vez descubras que la conexión que estabas buscando fuera…siempre había estado esperando dentro de ti.

    Reflexión final

La conexión con La Fuente no tiene que ser complicada. No depende de palabras perfectas, rituales especiales ni de una fe sin dudas.

Puede comenzar con una respiración, una pregunta, una lágrima o una frase sencilla: " si estás ahí, ayúdame. "

Acércate desde la honestidad. Pide ayuda cuando la necesites. Escucha en silencio. Acepta también el apoyo de las personas que te rodean.

Y recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, dar un pequeño paso puede ser una forma de esperanza.


Alberto Lajas



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